Al final de todas las cosas
“Me hace feliz que estés aquí conmigo. Aquí al final de todas las cosas, Sam”
Una cita de “El Señor De Los Anillos” tras destruir el famoso anillo.
Al igual que ellos, yo también me embarqué en una aventura mucho más personal y mucho menos trascendental, pero… aunque la empecé solo aquel día de Octubre de 2002 cuando comencé la carrera, al poco tiempo tuve la enorme suerte y satisfacción de ir conociendo a una gente maravillosa.
Todos ellos estábamos unidos por un fin común muy poco idealista y sí muy práctico: Sacarnos la puñetera carrera.
Hoy, tres años después del comienzo de aquella andadura ha llegado el momento en el que esa obligación diaria de caminar en la misma dirección ha desaparecido. A partir de hoy el vernos no será una cuestión de obligación sino una decisión voluntaria.
Y aunque realmente seguiremos viéndonos durante mucho más tiempo, es algo de lo que estoy totalmente seguro. El hecho es que es un punto de inflexión importante porque cambia las bases de las relaciones cotidianas que se habían establecido entre nosotros.
La verdad es que la primera toma de conciencia que tuve de la llegada de este momento fue tras volver del viaje a Tenerife con mis compañeros, empecé a darme cuenta que ya no estábamos en una cuenta progresiva donde había que sumar aprobado tras aprobado, mes tras mes y año tras año y que estaba en un punto en el que quedaban pocas semanas, pocas asignaturas por aprobar…
Se acabó este “Junio” tan largo que en realidad comenzó a finales de Mayo y duró medio Julio. Nada más acabar el último examen nos marchamos a casa de Ana en Mazarrón para celebrar este momento tan deseado y esta vez con un cierto regustillo agrio.
No estaban todos, pero si lo eran todos los que fueron. Me refiero a COMPAÑEROS (con mayúsculas). Estaban: Ana, Emilio, Fulgen, Laura, Lauren, Mayte y Vanesa. Faltaron tantos que no me quiero dejar nombres en el tintero y evitaré nombrarlos (Román decir que nos faltaste tú está de sobra, lo sabes).
Quiero pedir ahora perdon por las lágrimas que entre los densos vapores (que no humos) de Baco y los increibles momentos de felicidad, tranquilidad y amistad que vivimos allí solté en un momento dado. Pero… y citando otra vez la obra de Tolkien:
“No diré no lloreis, pues no todas las lágrimas son amargas”
Por último, y por quitarle el toque de dramatismo a este post que en realidad solo escribía para hacer recuerdo de estos dos días tan bonitos diré que será muy dificil para mi olvidar… pues… las nominaciones (cubata por nominación) de la casa… la segunda parrillada de la barbacoa carbonizada (la primera, que salió aceptable, fue obra mía adem















